jueves, 16 de junio de 2011

El vuelo de las siete y media.

El perro corría con ganas y entusiasmo, libre, con la emoción del aire moviéndo su pelaje, con los ojos brillantes y fijos en el horizonte, su mirada directa hacía donde se ponia el sol, inocente, veloz y feliz hacia su meta, en linea recta al sueño de un atardecer donde encontraría al fín su ansiado premio....de pronto se levantaba la polvareda...los músculos en tensión de sus patas frenando en seco y su cara de frustración cuando la cadena tiraba de su cuello bruscamente.Se acabó el trayecto,la libertad y el movimiento.Los metros estaban contados y solo podía ir y venir con un limite establecido...se acababa el cable, y ya, ni siquiera se resistía.Y se quedaba sentado sobres sus patas mirando absorto el camino recorrido, jadeante y agotado del esfuerzo.

Recuerdo todos los perros de caza que mi padre tenía en hileras, con sus casitas, cuidados, mimados...pero con su cable...me parecían marionetas que incoscientes de su suerte, a cada instante, vivían la desilusión...y lo voy pensando al atardecer cuando el rojo me pega en los ojos y vuelvo del trabajo a casa.
Un avión pasa sobre mi coche,como cada tarde, dejando una estela blanca de libertad, y miro el reloj...las siete y media, como cada día, el mismo vuelo que pasa de largo, cogiéndo velocidad en su cable, y yo,en el mío...ya veo el cartel del desvío y voy frenando, como el perro, el sonido del motor es la polvareda de sus patas y mi destino va tirando de mi cadena...pero ya, tampoco me resisto.

Seguramente alguien lo ha establecido así, y piensa que estoy cuidada, mimada...y lo contrario sería ser desagradecida con mi suerte, con lo que la vida me ha dado, porque este inhumano despropósito diario del beneficio ajeno y la supervivendia propia, se considera avance, logro y progreso...

Mañana volveré en sentido contrario, lo intentaré de nuevo, fresca y con los ojos brillantes de ilusión, desplegaré las alas, las que me arranca la realidad cada jornada, porque los sueños no entienden de cables, ni de límites, y tal vez, algún día la carrera sea tan fuerte y la emoción tan intensa que el tirón sea imperceptible y seré libre más allá de la credulidad de la inconsciencia...

O quizás solo cambie de rumbo y de cable, y me encuentre cualquier día observando coches y haciéndo conjeturas sobre la existencia, desde el vuelo de las siete y media.

2 comentarios:

  1. Es la primera vez que visito tu blog, bonito texto, hermosas palabras y reflexiones. Tal vez, cada uno tenga su cable predeterminado, pero solo tal vez, porque mientras que algo nos ata siempre con un margen de libertad, hay otro algo, que nos permite, nos pide que vayamos más allá de ese cable.

    Saludos. Volveré a visitarte.
    http://tamaravillanueva.blogspot.com/

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  2. Gracias Tamara, bienvenida a mi pequeño refugio de meditaciones,donde salen a borbotones lo que el espacio de la realidad no me deja expresar, espero que te sientas comoda entre mis letras y pueda aportarte algo...aunque solo sea una reflexion de media tarde.Saludos.

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