sábado, 31 de enero de 2015

Veronique

Así te llamaba tu madre en el pequeño apartamento de El Escorial, gritos en francés , para ver si conseguía que colgaras la ropa antes de irnos. Dabas vueltas preparando tu bolsa y yo intentaba secar tu ropa de ballet con el secador porque llegabas tarde al examen, mientras tu hermana te echaba la bronca por dejarme su cazadora.
Me llueven los recuerdos de ese tiempo, las carpetas de la papela, tus cartas desde Inglaterra donde me escribías con tu letra redondita, las noches de verano tomando pollo asado en los soportales, cafés en la chistera y confidencias en la piscina...Aún recuerdo a tu padre insistiendo en que aquellos serían los mejores años de nuestra vida, lamento seguir sin darle la razón, por que sólo tú fuiste lo mejor.
Éramos plumas sobre tu pequeña vespino donde me agarraba a tu cintura y me acariciaba tu melena rubia que destilaba Eau jeune...extranjeras en ese pueblo mágico y frío donde sigues sufriendo los inviernos y disfrutando de los conciertos.
Al menos tú en tus idas y venidas, has echado raíces aunque con puentes de corazón a Montreal, por que yo sigo nómada como siempre.
Por entonces,ocurrieron muchas cosas que marcaron nuestra vida y paso un recuerdo rápido y fugitivo de cuando te refugiaste en Nela aquel fatídico verano, y mi corazón te extrañó tanto que me retorcí en el dolor contigo-sin tí, porque también me dolía tu alma
Ha pasado media vida desde entonces, y me sorprende como aún sigues con esa sonrisa en los ojos, la que lucías ya en tus fotos infantiles vestida de blanco junto a Melania, la misma de la foto con tía Claire. Aprendiste a sonreir con ellos de tanto taparte la boca con la mano, estúpidos complejos superados.
Ahora, en esa madurez tan perfecta, todo en ti sonríe sin miedo.
( A Verónica Rebull Trudel)