martes, 14 de junio de 2011

Mi dulce chica Modigliani

.El otoño es como una pequeña muerte, todo declina y lucha en el deseo de permanecer, y finalmente se abandona al aire frío de las tardes en las calles desiertas que anuncian el invierno...como el amor,cuando se agarra a los colores suaves del sentimiento y lucha por no desgarrarnos el alma y lo desatamos a la fuerza como las manos de un niño obstinado a la jamba de una puerta...


Ella camina despacio, entre las luces tenues de rojos y ocres, con pies de bailarina indecisa, sobre un manto crujiente que envuelve de música sus pasos...camina y piensa, ajena al aire que se enreda en el suave castaño de su pelo en deseo de poseerla, y acaricia su rostro de perla, inspiración de Modigliani...camina, erguida y elegante,provocando la envidia de los álamos del parque que la observan pasar celosos, como las estrellas del tango,entre mentes vagabundas que no entienden su espiritu...asoma de su pecho el corazón intermitente, un hilo tierno de nostalgia...y suspira...y no sospecha que la observan, la acechan, enamoradas las esquinas,que se inclinan las farolas porque envidian su luz y su calma...que el viento silba lujurioso a su silueta...las nubes lagrimean en deseo de acariciarla...y no muy lejos, desde el centro de una ciudad, donde la soledad nada en multitudes, alguien, la piensa, la añora y la siente parte de una vida que ansia, pero no puede derribar los muros...
Ella camina, desliza su cuerpo ágil entre las calles de su infancia y pasa la estación solitaria, borrando con una sonrisa las barreras de la nostalgia, sin ver nada más....mientras, sigue silbando el viento...


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